Suelos de piscina: seguridad y exigencias técnicas
Los suelos de piscina están, por un lado, en contacto permanente con el agua y el cloro, elementos que pueden afectar tanto su integridad técnica como su estética; y, por otro lado, constituyen un factor crucial en términos de seguridad, ya que una mala elección puede incrementar de manera significativa el riesgo de resbalones.
Estas necesidades influyen directamente en la elección del material para la construcción del pavimento de la piscina y de todo su entorno.
Opciones de materiales y limitaciones
En los últimos años, se ha popularizado el uso de gres y porcelánico para lograr continuidad visual entre interior y exterior en viviendas particulares. Aunque cumplen con la normativa antideslizante, en condiciones de humedad presentan un comportamiento muy resbaladizo, lo que los convierte en una opción cuestionable para las zonas de piscina.
El terrazo: solución técnica fiable
El terrazo, en cambio, ofrece una solución técnica más fiable. Cuando se instala en el interior y se prolonga hacia el exterior, se somete a un proceso de granallado, obteniendo un acabado rugoso que incrementa notablemente el coeficiente de fricción. Esta rugosidad es clave para reducir el riesgo de caídas y garantizar un uso seguro en superficies húmedas.

De esta manera, el terrazo presenta una textura antideslizante ideal para piscinas y zonas exteriores. Además, gracias a su baja absorción de agua, requiere un mantenimiento mínimo, y su resistencia y durabilidad lo convierten en un pavimento especialmente adecuado para entornos expuestos a la intemperie y al contacto continuo con agentes químicos como el cloro.
Diseño y función
En un contexto en el que la tendencia busca homogeneidad y diseño, no podemos olvidar que la función principal de un pavimento de piscina debe ser dar respuesta a las exigencias técnicas de resistencia, seguridad y durabilidad.
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